martes, 23 de febrero de 2010

Taller de poesía rock (Algo más que una bonita rima)

¡Cuántas veces no hemos escuchado o tarareado una canción sin tener la más mínima idea de lo que dice la letra! Y no me refiero sólo a una cuestión idiomática. Hay canciones en castellano que requieren cierta atención, un poco de esfuerzo, que muchas veces no le dedicamos; ni más ni menos que el que le dedicaríamos a una obra pictórica (si no lo hacemos con ninguna, ése ya es otro problema). Escuchar una canción sin atender a la letra es como ver una película sin sonido, o escucharla con la pantalla en negro. Y es que en España, las canciones siguen siendo eso, "vulgar" música, entretenimiento popular, relleno para Los 40 principales y ganchos para que la gente recuerde los anuncios de telefonía móvil.

Las canciones con mensaje parecen cosa de antaño, de aquellos cantautores protesta de los setenta. Y qué va, ni de lejos. Que no es lo mismo canción protesta que canción con algo que decir. Y se pueden decir tantas cosas con una canción, se pueden aprender tantas escuchándolas. Pensad en algunas de las canciones cuyas melodías os hacen estremecer pero no sabéis bien de va. Estoy seguro de que, si lo supierais, la experiencia alcanzaría una mayor plenitud.

En países tan variopintos como Estados Unidos, Alemania o Rusia, la obra de autores como Bob Dylan, Leonard Cohen o Paul Simon se estudia en las aulas como aquí se hace con Machado. De hecho, atendiendo a las definiciones de la RAE, es difícil comprender por qué las letras de las canciones no son consideradas un género literario más, como la narrativa, la poesía, el ensayo o el teatro, pues al fin y al cabo, se trata de un "arte que emplea como medio de expresión la lengua" (que es como se define la Literatura), aunque completado con acompañamiento musical.

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Sobre todo esto hablaremos desde mañana, cada miércoles durante las próximas semanas (del 24 de febrero al 28 de abril), en los encuentros de Poesía rock que Taller de Palabras organiza en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla. Analizaremos la trayectoria y las obras más interesantes de cinco autores anglosajones y cinco españoles. Y que nadie se enfade por la ausencia de éste o aquél, pues la lista no se ha elaborado atendiendo a que éstos fueran los mejores, sino a que sus trabajos resulten interesantes e ilustrativos para los encuentros. Ojalá en breve podamos trabajar con muchos más. Pero de momento, las alineaciones son las que siguen: Bob Dylan, Leonard Cohen, Bruce Springsteen, Paul Simon y Kris Kristofferson, por parte del equipo visitante; Javier Krahe, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina y Raimon, que juegan en casa.

María José Barrios y un servidor dirigiremos el taller con la esperanza de que los encuentros terminen convirtiéndose en un ameno foro de debate e intercambio de opiniones, teniendo como objeto la maravillosa experiencia que supone disfrutar, en toda su plenitud, de una buena canción.

Como muestra, traigo aquí un tema de Paul Simon, American Tune, incluido en su segundo disco en solitario, que siempre me ha parecido lleno de matices interesante. Se trata de una composición que toma como base musical una coral de Bach extraída de La paión según San Mateo, para crear una dura pero esperanzadora reflexión sobre Estados Unidos, justamente en el bicentenario de la nación.

Una melodía americana

Muchas veces he estado equivocado
y otras muchas confundido,
sí, y a menudo me he sentido abandonado
y desde luego han abusado de mí,
pero estoy bien, estoy perfectamente bien.
Sólo tengo los huesos un poco cansados.
Aún así uno no espera poder estar
alegre y ser un bon vivant
tan lejos de casa, tan lejos de casa.

No conozco ningún espíritu que no haya sido abatido,
no tengo ningún amigo que sienta en paz,
no conozco ningún sueño que no haya sido hecho añicos
o que no haya sido sojuzgado.
Pero todo va bien, todo va bien,
hemos vivido tan bien tanto tiempo
que cuando pienso en el camino
que llevamos recorrido
me pregunto en qué nos equivocamos.
No puedo evitarlo, me pregunto en qué nos equivocamos.

Soñé que estaba muriéndome.
Y soñé que mi alma se elevaba inesperadamente
y se volvía para mirarme,
sonriendo tranquilizadoramente.
Y soñé que echaba a volar
y que desde lo más alto mis ojos pudieron contemplar con toda claridad
a la Estátua de la Libertad
alejarse navegando hacia altamar.
Y soñé que estaba volando.

Llegamos aquí en el navío al que pusieron por nombre el Mayflower,
estuvimos en la nave que surcó la luna,
entramos en el momento más incierto de nuestra época
y cantamos una melodía americana,
pero todo va bien, todo va bien.
No se puede ser eternamente afortunado.
Mañana será otro día de trabajo
y voy a intentar descansar un poco.
Lo único que intento es conseguir un poco de paz.


viernes, 19 de febrero de 2010

CSNY. El compromiso político del supergrupo

A mediados de 2006 Neil Young decidió que ya era suficiente. Se plantó en el estudio con su guitarra, sus Caballos Locos y un coro de cien voces gospel para grabar un álbum tan urgente como necesario. Sería su firme de denuncia contra la administración Bush por todo lo que estaba haciendo al país y sus habitantes, desde la sangrante guerra en Irak a las restrictivas medidas antiterroristas. Grabó las nueve canciones del disco en tan solo seis días, y cuatro de ellas las escribió en el propio estudio el mismo día en que las grabó. Y en las nueve, George W. Bush fue la presencia constante, el hilo temático, el hombre acusado por el rockero, entre otras cosas, de mentir, espiar, desatar una guerra sin razón ni sentido y ejercer una nefasta administración del país.

Canadiense de nacimiento pero asentado en Estados Unidos desde los sesenta, Neil Young siempre ha sido uno de los rockeros más comprometidos con los problemas sociales y políticos de su entorno. Y en esas diversas cruzadas que ha afrontado, contra la guerra de Vietnam, las armas nucleares o en apoyo de las zonas rurales más pobres del país, el canadiense siempre ha contado con el inestimable apoyo de sus viejos colegas David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash.

La prensa musical los bautizó “el supergrupo”, mientras que algunos influyentes medios de derecha los tachaba sencillamente de alborotadores, traidores y otras lindezas que entraban ya en el puro ataque personal. Desde que grabaron su primer disco juntos en 1969, Crosby, Stills, Nash & Young se han venido reuniendo y separando varias veces a lo largo de las últimas décadas. Nunca nada traumático, cada cual tiene su propia carrera y cuando les apetece, vuelven a subirse juntos al escenario.

En este caso, cuando Young publicó su disco, pensó que la mejor manera de promocionarlo era invitando a sus viejos colegas a implicarse con él en este arriesgado proyecto: recorrer el país con una gira en la que la denuncia política fuera el principal objeto de la actuación. Los tres aceptaron encantados y entusiasmados.

El supergrupo, CSNY, es sinónimo de agitación de las conciencias sociales y del despertar idealista de finales de los sesenta. Sus canciones son la banda sonora imborrable con la que millones de personas han vivido, amado, tenido esperanza, protestado, luchado contra injusticias y crecido.

El sonido básico de la banda se asienta en un toque clásico y puro de guitarras, tanto acústicas como eléctricas, para acompañar a un juego armónico de voces que ha creado escuela. Sin embargo, con tan evocadoras armonías no se dedican a hablar de la primavera y del olor de las flores, sino a reflejar los conflictos de la época y de los cambios que están teniendo lugar en cada momento.

En 1971 cantaron juntos Ohio, una ardiente denuncia del asesinato de cuatro jóvenes por parte de la Guardia Nacional en la Universidad de Ohio durante una manifestación contra la guerra de Vietnam. Aquél fue solo uno de los muchos himnos combativos que el supergrupo habría de aportar a la generación de los setenta.

Treinta y cinco años después, el mundo seguía igual de disparatado, y jóvenes estadounidenses volvían a morir en una guerra estúpida y sin sentido por antojo de su presidente. Así que Crosby, Stills, Nash y Young volvieron a lanzarse a la carretera para protagonizar su iniciativa más comprometida y controvertida.

El nuevo disco de Neil Young, Living with war, iba a servir de base musical para vertebrar el resto del programa, y contarían con vídeos especialmente preparados con los que dar a conocer a los espectadores imágenes que no habían visto hasta el momento — como la de los centenares de ataúdes de soldados estadounidenses amontonados en los aviones— y otras que debían recordar —como algunas de las “brillantes” declaraciones públicas del presidente Bush. Todo el espectáculo debía constituir una crítica abierta y contundente a la política exterior de Estados Unidos y a su continua violación de los derechos humanos, así como a las medidas internas establecidas que atentaban contra los derechos básicos de los propios ciudadanos.

Y para que la cosa no quedase en esos meses de conciertos, Neil Young decidió poner en marcha un documental que él mismo dirigiría bajo su seudónimo habitual, Bernard Shakey. CSNY: Déjà Vu sigue a la banda por todo el país durante aquella gira que fue bautizada Freedom of Speech 2006 (“Libertad de expresión 2006”). Y como no había manera de valorar el evento sin tener en cuenta las reacciones del público asistente, Young fichó al reputado periodista político Michael Cerre para que se encargase de acercar al espectador de la película las reacciones de los fans ante las letras, así como la conexión del grupo con sus admiradores, todo ello con el trasfondo de la Guerra de Irak y Afganistán, y con los acontecimientos que rodearon a las elecciones de 2006 en Estados Unidos.

De este modo, la película acaba planteando acontecimientos del pasado y del presente, y en su narración se entremezclan temas interpretados durante la gira con material de archivo, metraje de noticias y opiniones, tanto positivas como negativas, del público asistente a los conciertos. “¡Ya sabéis, libertad de expresión!”, grita Graham Nash cuando buena parte del auditorio comienza a abuchear a la banda tras interpretar Let’s impeach the President, uno de los temas clave de esta gira.

Tras pasar por los cines españoles como un suspiro, sin apenas tiempo en cartel y aún menos promoción, CSNY: Déjà Vu Live llega ahora a dvd cuando George W. Bush ya ha hecho las maletas. No obstante no hay que dejar pasar la oportunidad de ver esta singular producción, presentada en los festivales de Sundance, Berlín y San Sebastián, en la que la música no es la gran protagonista, sino más bien los propios músicos, con su claro posicionamiento y toma de conciencia ante lo que sucede a su alrededor. Los cuatro amigos sienten la obligación como artistas de aprovechar su talento y su popularidad para remover los ánimos y las ideas del país para intentar cambiar la situación.

Las reacciones, como no podían ser de otra manera, son radicales en ambos sentidos: algunos aplauden a rabiar, otros abuchean y se marchan. Varios gritan a la cámara que han pagado su dinero para un concierto de rock, no para un mitin político, y como respuesta se exponen las opiniones de quienes estaban deseosos de que algún artista se solidarizase por fin con esa manera de pensar y sentir de buena parte del país para reflejarla en sus canciones.

Y canciones es lo que ofrece la banda sonora del documental, llamada igualmente CSNY: Déjà Vu Live y lanzada por Warner el pasado verano, más o menos cuando se estrenó la película. Si bien son pocas las piezas que se escuchan al completo en el largometraje, el disco recoge hasta dieciséis cortes, desde algunas de las nuevas canciones de Young a clásicos del supergrupo como Teach your children o el For what it's worth que Young y Stills grabaron con Buffalo Springfield. Y, claro, tampoco falta la gran estrella de la gira, ese Let’s impeach the President que se convirtió en el leit motiv y que miles corearon con lágrimas en los ojos mientras otros tantos escuchaban de fondo al abandonar malhumorados los estadios.

Así que parece que no es sólo cosa de España lo de ese debate sobre si los artistas deben o no meterse en política. Como todo, dependerá de lo que diga el artista en cuestión y de las ideas del oyente en particular. Aquí, al otro lado del río y entre los árboles, ya sabéis cuál es la postura: siempre mejor tocarle las narices al poder que los pétalos a las flores.

Aquí os dejo la letra y un vídeo de esa Let’s impeach the President.

Destituyamos al Presidente por mentir
Engañando a nuestro país para llevarlo a la guerra
Abusando de todo el poder que le dimos
Y enviando todo nuestro dinero fuera.

¿Quién es el hombre que contrató a todos los criminales,
Las sombras de la Casa Blanca que se ocultan tras las puertas cerradas?
Y tuerce los hechos para acomodarlos a su nuevo cuento
De por qué tiene que enviar a nuestros hombres a la guerra

Destituyamos al Presidente por espiar
A ciudadanos dentro de sus propias casas
Violando cada ley del país
Interceptando nuestros ordenadores y nuestros teléfonos

¿Qué ocurre si AL-QUAEDA hizo volar los diques?
¿Estuvo así Nueva Orleans más segura
Al abrigo de la protección del gobierno?
¿O tal vez alguien no regresó a casa ese día?

Destituyamos al Presidente por secuestrar
Nuestra religión y usarla para ser elegido
Dividiendo nuestro país en colores
Y abandonando a las personas negras.

Gracias a Dios que actúa bajo efecto de esteroides
Desde que vendió su viejo equipo de béisbol
Hay montón de personas preocupadas por el gran problema
Pero, por supuesto, nuestro Presidente está limpio

Gracias a Dios

martes, 16 de febrero de 2010

¿Por qué habla tan alto el español?, León Felipe y Héctor Alterio


Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.


Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porqué tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra¡ ¡Tierra¡ ¡Tierra! Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto¡ ¡Había motivos para gritar¡

La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres:¡justicia¡ ¡justicia¡ ¡justicia¡...!También había motivos para gritar¡ ¡También había motivos para hablar alto¡

El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡eh¡ ¡que viene el lobo¡ ¡que viene el lobo¡...!que viene el lobo¡

El que dijo tierra y el que dijo justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡eh¡ ¡que viene el lobo¡

Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Pero por qué habla tan alto el español?

Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porqué escucha desde el fondo de un pozo.

viernes, 5 de febrero de 2010

A change is gonna come, Sam Cooke

Sam Cooke era uno de los cantantes afroamericanos más populares de EEUU a comienzos de los años sesenta. Sus sencillos de soul y pop eran grandes éxitos, con una notable producción musical pero un mensaje bastante estándar. En alguna ocasión se había planteado decir algo más con sus canciones, pero la advertencia estaba clara: la cuestión de la lucha por los derechos de los negros era demasiado espinosa y podría arruinar sus ventas y su reputación.

Sin embargo, Cooke se sintió mal cuando la canción de Blowin’ in the wind se convirtió en el gran himno de este movimiento. Tuvo que ser un joven blanco el que diese voz a la lucha de los negros contra el racismo y la discriminación. Con ese mal sabor de boca, un día, tras un concierto en Durham, Carolina del Norte, estuvo hablando con algunos manifestantes del movimiento de derechos civiles. Sintió entonces la necesidad de pronunciarse ante una situación tan terrible, que la población negra estadounidense siguiese siendo tratada de manera distinta a la blanca, con menos derechos, sin igualdad práctica ante la ley. Cooke se metió en el autobús de la gira y allí mismo garabateó las líneas que acabarían convirtiéndose en el auténtico himno del movimiento por la lucha por los derechos civiles: A change is gonna come (‘Va a llegar un cambio’).

La canción se articula a partir de dos episodios reales vividos por Cooke. El primer fue la muerte de su hijo de dieciocho meses, Vincent, que se ahogó accidentalmente. El segundo ocurrió a mediados de 1963, cuando el cantante y su banda fueron detenidos por alterar el orden público al intentar registrarse en un hotel “sólo para blancos” de Shreveport, Louisiana.

Sam Cooke grabó A change is gonna come el 21 de diciembre de 1963, en los estudios RCA en Los Ángeles, California, durante las sesiones para el álbum Ain't that good news, editado en 1964. El cantante volvió a sus raíces musicales para dotar al tema de un emocionante aire gospel, que le permitió interpretar aquella letra con una pasión difícilmente advertida en sus grabaciones hasta la fecha.

A pesar de lograr unas ventas moderadas en su día, el tema es considerado la mejor composición de Cooke. Con el paso de los años, A change is gonna come ha conseguido mayor aceptación y elogios, y en 2005 fue incluida en la posición número 12 de la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos, confeccionada por la revista Rolling Stone.

Tras ganar las elecciones de 2008, en un encuentro en Chicago con sus seguidores, Barack Obama empleó los versos de la canción para lanzar el mensaje que él mismo representaba: “Hace mucho tiempo que se aproximaba, y esta noche, el cambio ha llegado a América”.

Va a llegar un cambio

Hay un viejo amigo
al que una vez le oí decir
algo que me llegó al corazón
y empezaba así:

“Nací junto al río
en una pequeña carpa.
Y como el río,
he estado fluyendo desde entonces”
Dijo que hace tiempo que se aproxima,

pero sé que va a llegar un cambio.
¡Oh, sí, llegara!

Dijo que ha sido muy duro vivir,
pero yo tengo miedo de morir.
Podría no tenerlo si supiera
qué hay allí, más allá del cielo.
Hace tiempo, mucho tiempo que se aproxima

pero sé que tiene que llegar un cambio.
¡Oh, sí, llegara! 

Fui a mi hermano
y le dije: "Hermano,
ayúdame, por favor."
Él dijo: "Mi buen hermano,
me gustaría, pero no puedo".
Y cuando, cuando miré alrededor
yo había dado marcha atrás
cayendo sobre mis rodillas.

Hubo ocasiones en las que pensé,
pensé que no resistiría mucho más,
pero de algún modo ahora mismo creo
que soy capaz, capaz de seguir adelante.

Te digo que ha sido mucho tiempo
y ha sido un viaje cuesta arriba
todo el camino
pero yo sé, yo sé, yo sé
sé que va a llegar un cambio.

Algunas veces tuve que llorar toda la noche
Sí, lo hice.
Algunas veces tuve que darme por vencido
por aquello que sabía que estaba mal.

Sí, ha sido un viaje cuesta arriba
Seguro que ha sido un largo camino
Sí, lo ha sido
cada paso del camino.
pero yo creo, yo creo
que esta noche llega el cambio
Te digo eso
Llega el cambio


jueves, 17 de diciembre de 2009

Cómo voy a olvidarme, Víctor Manuel

El cantautor asturiano Víctor Manuel ha sido uno de los pocos artistas españoles que le ha echado narices y se ha pronunciado con una de sus últimas canciones sobre el delicado asunto de la Memoria Histórica, y más concretamente, sobre la búsqueda y apertura de las fosas del Franquismo. Por esta iniciativa le han llovido varapalos de gente que vivió aquellos años de ignominia y no está por la labor de recordar, o de jóvenes inconscientes que se han creído el cuento de que es mejor no remover el pasado.

Yo soy un firme convencido de que cuanto más doloroso y amargo es ese pasado más conviene recodarlo con objeto de no repetirlo. Y el ejemplo más claro lo tenemos estos días, con los obispos una vez más metidos en política, jaleando a las masas y enterrando los hocicos donde ni Dios ni el hombre lea han dado carta blanca. Calentando el ambiente al igual que determinadas emisoras de radio y cabeceras de prensa, "crispando el ambiente", como ellos mismos dicen para intentar ocultar torpemente su espinazo de lobo con una escueta piel de cordero.

La cuestión de las fosas comunes es dolorosa, peor aún, vergonzosa. Pero más patético todavía resulta escuchar a gente que tiene a sus muertos bien enterrados, aducir que no entiende por a qué hay que andar metiendo las palas en las cunetas para remover esos cadáveres. ¡Y a usted, caballero -o señora, que no quiero discrimar-, qué narices le importa! No son sus difuntos los que, mal enterrados , como dicen la canción, "ni mueren ni reposan". ¿Acaso le incomoda, le produce cierto ardor de estómago, que los que durante cincuenta años no pudieron reclamar a sus familiares asesinados quieran ahora enterrarlos con decencia, y no dejarlos olvidados peor que a un perro, junto a una tapia o una cuneta?

En mi familia tuvimos la suerte de no tener que lamentar ninguna tragedia de esta índole, pero puedo comprender perfectamente a quien sí se acueste cada noche sin que nadie le haya podido confirmar nunca qué pasó de verdad con su esposo, hermano, padre o abuelo. Y es de desalmados, de inconscientes, de tristemente engañados, el intentar convencer a estas personas de que no intenten dar paz a sus almas localizando los restos de esos seres queridos. ¡Y es que es evidente! Como escribe Víctor Manuel en esta canción: "¿Cómo voy a olvidarme, de todas las derrotas, de tantas humillados, de las familias rotas? ¿Cómo voy a olvidarme, de sueños imposibles, de tantos invisibles, y de tantas victorias?

Mucha suerte a quienes no se resistan a olvidarse, a quienes lo siguen intentando. Mi incomprensión para quienes se siguen oponiendo.

Cómo voy a olvidarme

Cómo voy a olvidarme,
Si el olvido es mi memoria,
De qué debo olvidarme,
Están hablando en broma.

Cómo voy a olvidarme,
Solo olvidan los bobos,
Que reescriben la historia,
Para borrarlo todo.

Cómo voy a olvidarme,
¿Dónde pongo las sombras?
Solo quiero saber
¿Dónde están los que sobran?

Cómo voy a olvidarme,
De todo aquí y ahora,
Lo diga quien lo diga,
O el padre santo de Roma.

Cómo voy a olvidarme,
De todas las derrotas,
De tantas humillados,
De las familias rotas.

Cómo voy a olvidarme,
De sueños imposibles,
De tantos invisibles
Y de tantas victorias.

Cómo voy a olvidarme,
Si tengo el disco duro,
Rebosando hasta el borde,
Que alguien venga y lo borre.

Cómo voy a olvidarme,
Ya se que les estorba,
Que se habrán las cunetas,
Que se miren las fosas.

Y que se haga justicia,
Sobre todas las cosas,
Que los mal enterrados,
Ni mueren ni reposan.

Cómo voy a olvidarme,
De esa turba furiosa,
De esos años de plomo,
Y curas con pistola.

Cómo voy a olvidarme,
De todas las derrotas,
De tantas humillados,
De las familias rotas.

Cómo voy a olvidarme,
De sueños imposibles,
De tantos invisibles
Y de tantas victorias.

Como voy a olvidarme,
De los años vividos,
No se acaba el camino,
Y aún estamos vivos.

martes, 15 de diciembre de 2009

Seven Spanish angels, Willie Nelson y Ray Charles

Willie Nelson y Ray Charles, dos grandes del country y el soul (habría que preguntarse cuál es cuál, dado que ambos lograron notables creaciones en ambos registros), poniendo voz al tema Seven Spanish angels, 'Siete ángeles hispanos'.

Escrita por Eddie Setser y Troy Seals, la canción narra la historia de dos amantes mexicanos que son sorprendidos cuando intentan cruzar la frontera ilegalmente. Aunque no se dan más datos, al estar basada en hechos reales, sabemos que el grupo que interceptó a la pareja no era de la policía fronteriza, sino una suerte de justicieros que a lo largo de varias décadas se han tomado la justicia por su mano den algunas zonas de la frontera para dar ejemplo a los "espaldas mojadas". De ahí que el protagonista de la canción tenga miedo de lo que pueda ocurrir: "si me llevan con ellos a Texas no me dejarán salir con vida".

El final se perfila dramático, con el sacrificio de los amantes en una lucha que saben perdida antes de empezar. Puro lirismo crepuscular.

Siete ángeles hispanos

Él miró sus ojos azules y dijo:
“reza una oración por mí”
Ella le abrazo y susurró:
“Dios nos mantendrá libres”.
Podían escuchar acercarse a la patrulla, y él dijo:
“Ésta es mi lucha final.
Si me llevan con ellos a Texas
no me dejarán salir con vida”.

Había siete ángeles hispanos
en el altar del Sol.
Rezaban por los amantes en el Valle de las Armas.
Cuando la batalla se detuvo y el humo se aclaró,
hubo un trueno desde el trono,
y siete ángeles hispanos
llevaron otro ángel a casa.

Ella buscó y cogió el arma,
aún humeante en su mano.
Dijo: “Padre, perdóname,
no puedo seguir sin el hombre al que amo”.
Sabía que el arma estaba descargada.
Sabía que no podía ganar
Pero su última plegaria fue escuchada,
y los rifles dispararon una vez más.

Había siete ángeles hispanos
en el altar del Sol.
Rezaban por los amantes en el Valle de las Armas.
Cuando la batalla se detuvo y el humo se aclaró,
hubo un trueno desde el trono,
y siete ángeles hispanos
llevaron otro ángel a casa.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Don't let the bastards get you down, Kris Kristofferson

La carrera musical de Kris Kristofferson, en lo que producciones discográficas se refiere, comenzó a declinar a finales de los setenta, adentrándose en un largo y oscuro túnel de casi dos décadas. La causa de esa travesía por el desierto tuvo mucho que ver con el acentuado activismo político en el que se vio envuelto el actor y cantante a lo largo de los ochenta.

Sus principales acciones en ese sentido fue la grabación de dos discos contundentes, Repossessed (1986) y Third World warrior (1990). Es éste último, 'El guerrero de la Tercera Guerra', el que recoge las canciones más interesantes, entre ellas, la seleccionada para inaugurar este blog.

El disco se abre con toda una declaración, "Si no le gusta, señor, no me importa", para proseguir con un recorrido por denuncias de diversos conflictos internacionales en los que la administración estadounidense había jugado un papel bastante activo, desde el cautiverio de Nelson Mandela a los desaparecidos durante la dictadura Argentina o la lucha de los rebeldes sandinistas en Nicaragua.

La canción elegida es Don' let the bastards (get you down), que podríamos traducir como 'No dejes que los bastardos te desanimen'. Actualmente es una de las más populares de Kristofferson en sus recitales, convenientemente actualizada. Y no es que sea una gran canción, pero sólo esa línea, interpretada con la fuerza habitual de Kris, vale por todo el tema. Destila energía, rabia y compromiso.

Por otro lado, la canción tiene también una historia curiosa relacionada con Sinéad O´Connor.

El 3 de octubre de 1992 la cantante acudió al programa Saturday Night Live como invitada musical. Interpretó a capella el tema War, de Bob Marley, como protesta por los abusos sexuales de sacerdotes de la Iglesia Católica, cambiando para la ocasión el término "racismo" por "abuso de menores". Al terminar, esgrimió ante la cámara una foto del Papa Juan Pablo II mientras gritaba "¡El mal!". Al tiempo que la rompía, vociferaba "¡Lucha contra el verdadero enemigo!". El escándalo estaba servido.

Dos semanas después se celebraba en el Madison Square Garden un multitudinario concierto por los treinta años de carrera de Bob Dylan. Sinéad O'Connor estaba entre los asistentes, y tenía previsto cantar I believe in you. El público la recibió con abucheos, y tras varios minutos de tensa espera y algún intento por empezar a cantar, decidió interpretar War una vez más con toda su rabia. Dejó el escenario hecha polvo.

Kristofferson, que había resaltado el valor y el compromiso de O'Connor al presentar su actuación, acudió a abrazarla y le susurró: "Hey, Sid, don't let the bastards get you down".


No dejes que los bastardos te desanimen

Están matando bebés en nombre de la libertad.
Ya hemos pasado antes por esta triste situación.
Nos dejaron meter mano más de lo que deberían
y ahora es muy tarde para engañarnos.

Hemos visto a los asesinos, a los visionarios
Asesinatos a sangre fría ante tus ojos
Ellos tienen hoy el poder, el dinero y las armas
Está volviéndose difícil escuchar sus mentiras.

Sólo me pregunto lo que hubiera hecho mi padre
si hubiera visto en lo que han convertido su sueño.
Tengo que seguir fiel a lo que me enseñó:
"Intenta decir la verdad y mantente en tu sitio.
No dejes que los bastardos te desanimen"

(Hablado)
Bombardearon Bagdad hasta devolverla a la edad de piedra
Sin parar durante 40 adías.
Los mataron en sus casas y en sus autopistas.

Ahora, después de una década de sanciones paralizantes
estamos hablando de volver allí
y hacer lo mismo de nuevo.
Luchar contra el terrorismo.

Sólo me pregunto lo que hubiera hecho mi padre
Si hubiera visto en lo que han convertido su sueño
tengo que seguir fiel a lo que me enseñó:
"Intenta decir la verdad y mantente en tu sitio.
No dejes que los bastardos te desanimen"