viernes, 8 de abril de 2011

¿Por qué?, Jarcha

Como ya he comentado en otras ocasiones, cuando comencé a descubrir el placer por la música, a los catorce o quince años, me encantaba rebuscar entre los vinilos de mi padre y dejarme seducir por los grupos y solistas que allí me aguardaban. Pocos me resultaban extraños, dado que había crecido escuchando sus voces durante las mañanas de fin de semana y los viajes en coche; las voces de Neil Diamond y Violeta Parra, de los Beatles y Mocedades, de Jorge Cafrune, Carlos Cano y Mari Trini.

Supongo que en buena medida se debe a aquella herencia musical paterna —combinada con lo sensible e inquieto de esa edad— el hecho de que mi entrada en la pasión musical se diese por la puerta de la canción de autor, tirando a rojete, además. ¡Qué le vamos a hacer...!

Recuerdo que uno de los discos que más pinchaba, cuando ya empezaba a entenderme con el tocadiscos de mi padre, era uno de Jarcha. No el famoso Libertad sin ira, sino justo el que lanzaron a continuación, En el nombre de España, paz. Creo que soy de los pocos de mi generación que conoció muchas canciones del grupo onubense antes de llegar al célebre himno publicitario con el que se presentó en sociedad Diario 16. De hecho, aquel En el nombre de España, paz sigue pareciéndome uno de los mejores trabajos de la formación, con un equilibrio fantástico entre temas populares, adaptaciones y composiciones propias, entre ritmos tradicionales y creaciones más actuales.
Hace un par de días me vino a la cabeza una de las canciones de aquel álbum. Fue a cuento de una conversación con un par de amigos. Hablábamos de la intervención de la ONU en Libia, y de las declaraciones de Obama, Zapatero y otros líderes mundiales sobre la necesidad de parar los pies a Gadafi. Nos asqueaba comprobar que asistimos por enésima vez al vergonzoso espectáculo de tener que escuchar lo peligroso que es un tipo que ayer era amigo. Otra vez a una guerra para desarmar a un individuo al que las propias potencias occidentales han armado previamente. No sé si es que los ciudadanos somos demasiado tontos o bien indiferentes hasta un punto enfermizo, pero desde luego esto es un pitorreo, y con dramáticas consecuencias, que es lo peor.

Si lo pensamos bien, la cosa es zafia como el argumento de la peor película en plan Delta Force: los políticos malandrines que venden armas al villano para justificar después entrar a saco para desarmarlo y de paso quedarse con sus riquezas (petroleo) o poner un gobernante pelele al frente del país. Así contado suena poco original, tal vez sea porque se trata de una situación que se ha repetido demasiadas veces en la vida real.

Como decía, al hilo de esa conversación vino a mi memoria musical el recuerdo de aquella canción de Jarcha, ‘¿Por qué?’, hoy tan sensible y reflexiva, dulcemente ingenua, como quince años atrás: nadie puede aprobar una muerte ni convertir la guerra en un negocio, aunque digamos lo que digamos, juegan con nosotros a su antojo.

Puedes escuchar la canción pinchando aquí.
¿Por qué?

¿Quién fabrica las pistolas? ¿Quién?
¿Quién las cargará con balas? ¿Quién?
¿Quién apretará el gatillo? ¿Quién?
¿Quién ha de morir mañana? ¿Quién?


¡Puedes ser tú, puedo ser yo!
Las balas no han de respetarnos.
¡Puede ser éste, quizás aquél!
El quién no importa, sólo el porqué.


¿Quién apretó el gatillo? ¿Quién?
¿Quién nos disparó?
Izquierdas o derechas. ¿Quién?
¡Qué se yo!


Se mezclan intereses con rencor,
los odios, con doctrinas.
Y el resultado de esta mezcla es
muerte y dolor.


Nadie da licencia de matar,
el hombre no es un blanco.
Guardad vuestras pistolas de una vez
Que todos queremos paz, paz...


¿Quién segará nuestras vidas? ¿Quién?
¿Quién se manchará de sangre? ¿Quién?

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