jueves, 1 de abril de 2010

Preguntitas sobre Dios, Atahualpa Yupanqui

Magistral composición del maestro argentino Atahualpa Yupanqui, sin lugar a dudas uno de los mejores cantautores en lengua castellana. A lo largo de su obra demostró una capacidad maravillosa para crear hermosas composiciones de resonancias dramáticas, en las que era capaz de lanzar las denuncias sociales más duras atendiendo siempre al sufridor, no buscando el enfrentamiento con el opresor. Su gran sensibilidad le permitió también dibujar emotivas estampas sobre pequeños aspectos de la vida cotidiana que esconden en el fondo una gran belleza

En esta canción, el artista reflexiona sobre esa cuestión tan sujeta a interpretaciones como es la fe. Si Dios existe, ¿dónde está? Y la conclusión a la que llega el autor es bien dura: si realmente anda por algún sitio, no es desde luego junto a los que sufren.


Preguntitas sobre Dios

Un día yo pregunté:
¿Abuelo, dónde esta Dios?
Mi abuelo se puso triste,
y nada me respondió.

Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión.
Y lo enterraron los indios
flauta de caña y tambor.

Al tiempo yo pregunté:
¿Padre, qué sabes de Dios?
Mi padre se puso serio
y nada me respondió.

Mi padre murió en la mina
sin doctor ni protección.
¡Color de sangre minera
tiene el oro del patrón!

Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria y serpientes,
es la vida del leñador.

Y que naide le pregunte
si sabe dénde esta Dios:
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.

Yo canto por los caminos,
y cuando estoy en prisión,
oigo las voces del pueblo
que canta mejor que yo.

Si hat una cosa en la tierra
más importante que Dios
es que naide escupa sangre
pa’ que otro viva mejor.

¿Qué Dios vela por los pobres?
Tal vez sí, y tal vez no.
Lo seguro es que Él almuerza
en la mesa del patrón.

lunes, 29 de marzo de 2010

Strange Fruit, Abel Meeropol (versión Billie Holiday)

A finales de los años treinta, Abel Meeropol un profesor judío de Nueva York quedó impresionado al ver la fotografía del linchamiento de dos afroamericanos en un estado del Sur. Una muchedumbre de blancos de todas las edades, hombres, mujeres y niños, aparecían sonrientes alrededor de los cadáveres de Thomas Shipp y Abram Smith, colgados de dos álamos en medio de la noche. Aquella visión, cruda y desagradable, se le metió en la cabeza y no pudo dejar de pensar en ella durante varios días. Como resultado de esa experiencia escribió el poema ‘Bitter Fruit’ (Fruta amarga), que publicó bajo el seudónimo de Lewis Allan. Ante la excelente acogida, sus compañeros del partido comunista le animaron a ponerle música, y así nació la canción ‘Strange Fruit’. (Aunque más adelante se diría que fue Holiday quien puso música al poema de Meeropols, quedó demostrado que no fue así).

Tenía tanta fuerza, y reflejaba una realidad tan sórdida y alarmante en pleno siglo XX, que ‘Strange Fruit’ no tardó en popularizarse en los círculos de la izquierda estadounidense. Parece ser que fue Barney Josephson, propietario del Café International (o Café Society, punto de reunión de los intelectuales liberales y de izquierda en el Greenwich Village neoyorquino), quien vio a Billie Holiday como la intérprete ideal de esta canción, y por ello decidió poner en contacto al autor con la legendaria cantante de blues.

Holiday no fue la primera intérprete de la canción, pero sí la que consiguió dotar a la composición de la fuerza justa, pues algunos antes que ella le dieron un dramatismo excesivo. Las primeras veces que la cantó, el público quedaba tan impresionado, por lo que contaba y por cómo lo hacía, que tardaba en romper a aplaudir.

Con esta canción cerraba Holiday sus actuaciones. Se quedaba a oscuras, sólo iluminada por un foco, y allí, con los ojos cerrados, comenzaba a cantar. Sólo intentó interpretarla unas pocas veces en los estados del Sur, donde de por sí ya actuaba poco. En ningún caso logró terminarla, dada la violenta reacción del público. “Esta canción consigue distinguir a la buena gente de los cretinos y los idiotas”, escribió en su autobiografía.

Según las conservadoras estimaciones del Tuskegee Institute, entre 1889 y 1940 2.833 personas fueron linchadas en Estados Unidos, el 90 por ciento en los estados del Sur, y más del 80 por ciento eran afroamericanos. En 1939, una encuesta puso de manifiesto que seis de cada diez blancos de los estados sureños aprobaban la práctica del linchamientos de los negros.

Frutos extraños

Los árboles del Sur tienen frutos extraños.
Sangre en las hojas y sangre en las raíces.
Cuerpos negros balanceándose con la brisa del sur.
Extraños frutos colgando de los álamos.

Una escena pastoral del Sur galante,
los ojos fuera de sus cuencas y la boca torcida,
aroma de las magnolias, dulce y fresco,
entonces, el repentino olor a carne quemada.

Lo que hay aquí es un fruto para que lo arranquen los cuervos,
para que lo empape la lluvia,
para que lo zarandee el viento
para que el sol lo pudra
para que gotee de los árboles.
Lo que hay aquí es un cultivo extraño y amargo.

lunes, 1 de marzo de 2010

Seria fantàstic, Joan Manuel Serrat

Una canción de ésas de Joan Manuel Serrat por las que debería crearse un premio Nobel a los buenos sentimientos. De una gran delicadeza, con sentido del humor, y con más verdades de las que uno es capaz de digerir en una canción, estando acostumbrados a lo que suena en las radios. Además, al ser de uno de sus discos en catalán de los años 80, muchos ni siquiera se han enterado de qué va, por aquello de "pues si es en catalán, no me interesa". Pues hijo, qué pena.

¿La sinopsis de la canción?: Qué bueno sería, si todos fuésemos un poco más buenos.

Sería fantástico

Sería fantástico
que andara equivocado
y que el water no estuviera ocupado.

Que hiciera un buen día
y que no nos engañaran en el peso.
Que San Pedro, no cantase ni aunque le pagaran.

Sería fantástico
que nada fuera urgente.
No pasar nunca de largo y servir para algo.
Ir por la vida sin cumplidos
llamando a las cosas por su nombre.
Cobrar en especies y sentirse bien tratado
y mearse de risa y dejar volar la fantasía.

Sería todo un detalle,
todo un síntoma de urbanidad,
que no perdiesen siempre los mismos
y que heredasen los desheredados.

Sería fantástico
que ganara el mejor
y que la fuerza no fuera la razón.
Que se instalara en mi barrio
el paraíso terrenal.
Que la ciencia fuera neutral.

Sería fantástico
no pasar por el tubo.
Que todo fuera como está mandado y nadie mandara.
Que llegara el día del sentido común.
Encontrarse como en casa en todas partes.
Poder ir distraído sin correr peligro.
Sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios.

Sería todo un detalle
y todo un gesto, por tu parte,
que coincidiéramos, te dejaras convencer
y fueses como yo siempre te imagine.

sábado, 27 de febrero de 2010

Al vent, Raimon

En 1958, en un viaje en motocicleta junto a un amigo, el joven valenciano Ramón Pelegero Sanchis, Raimon, experimentó un fugaz instante de libertad al sentir el aire golpeando su cuerpo. Aquella experiencia le condujo a una reflexión que cistalizó en una de sus primeras canciones. No la grabaría hasta unos años después, pero poco a poco, aquel tema acabaría convirtiéndose en uno de los principales himnos de la lucha por la libertad en España.

Lograda ésta, Al vent sigue siendo una canción de gran vigencia, pues la riqueza de sus reflexiones van más allá de cualquier situación política y social. De hecho, se trata de un canto de esperanza e ilusión, la traslación a unos pocos versos de ese empuje de la juventud, con el pecho a punto de reventar por unas ansias maravillosas de exprimir toda la esencia de la vida.

Concluida la transición política, Raimon ha sido uno más de tantos artistas condenados al olvido. A unos dejó de interesarles tener cerca a alguien de su integridad, a otros les resultaba poco atractivo un tipo de su calado artístico y cultural, ajeno a las modas y las exigencias del mercado. Así que la idea general que ha quedado es que Raimon era uno de aquellos jóvenes que empuñaron sus guitarras contra la dictadura y se quedaron anclados en aquella época. Y esa torpe y absurda concepción, amén de los recelos políticos e idiomáticos, ha llevado a que muchos aficionados se pierdan la obra de un autor de extrema sensibilidad, capaz de los versos más bellos y elaborados y las construcciones musicales más singulares. Y así, mientras en Nueva York, París, Berlin o Tokio, recibe un apoyo popular equiparable al de cualquier cantautor anglosajón de su generación, en España es ninguneado y silenciado. Una lástima despreciar así nuestro legado cultual.

Espero ir dando a conocer en este blog algunas de mis grabaciones favoritas de Raimon, con quien he tenido la suerte de mantener amenas y muy interesantes charlas en diversas ocasiones. Pero hoy quiero traer ese legendario Al vent, en una actuación muy especial, la celebración de los 30 años de la canción, en 1993. Multitud de artistas arroparon a Raimon en aquel recital, y se unieron a él para cerrarlo con este tema, desde Joan Manuel Serrat y Paco Ibáñez al legendaro Pete Seeger.

Al viento

Al viento,
la cara al viento,
el corazón al viento,
las manos al viento,
los ojos al viento,
al viento del mundo.

Y todos,
todos llenos de noche,
buscando la luz,
buscando la paz,
buscando a Dios,
al viento del mundo.

La vida nos da penas,
ya el nacer es un gran llanto:
la vida puede ser ese llanto;
pero nosotros

al viento,
la cara al viento,
el corazón al viento,
las manos al viento,
los ojos al viento,
al viento del mundo.

Y todos,
todos llenos de noche
buscando la luz,
buscando la paz,
buscando a Dios,
al viento del mundo.

martes, 23 de febrero de 2010

Taller de poesía rock (Algo más que una bonita rima)

¡Cuántas veces no hemos escuchado o tarareado una canción sin tener la más mínima idea de lo que dice la letra! Y no me refiero sólo a una cuestión idiomática. Hay canciones en castellano que requieren cierta atención, un poco de esfuerzo, que muchas veces no le dedicamos; ni más ni menos que el que le dedicaríamos a una obra pictórica (si no lo hacemos con ninguna, ése ya es otro problema). Escuchar una canción sin atender a la letra es como ver una película sin sonido, o escucharla con la pantalla en negro. Y es que en España, las canciones siguen siendo eso, "vulgar" música, entretenimiento popular, relleno para Los 40 principales y ganchos para que la gente recuerde los anuncios de telefonía móvil.

Las canciones con mensaje parecen cosa de antaño, de aquellos cantautores protesta de los setenta. Y qué va, ni de lejos. Que no es lo mismo canción protesta que canción con algo que decir. Y se pueden decir tantas cosas con una canción, se pueden aprender tantas escuchándolas. Pensad en algunas de las canciones cuyas melodías os hacen estremecer pero no sabéis bien de va. Estoy seguro de que, si lo supierais, la experiencia alcanzaría una mayor plenitud.

En países tan variopintos como Estados Unidos, Alemania o Rusia, la obra de autores como Bob Dylan, Leonard Cohen o Paul Simon se estudia en las aulas como aquí se hace con Machado. De hecho, atendiendo a las definiciones de la RAE, es difícil comprender por qué las letras de las canciones no son consideradas un género literario más, como la narrativa, la poesía, el ensayo o el teatro, pues al fin y al cabo, se trata de un "arte que emplea como medio de expresión la lengua" (que es como se define la Literatura), aunque completado con acompañamiento musical.

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Sobre todo esto hablaremos desde mañana, cada miércoles durante las próximas semanas (del 24 de febrero al 28 de abril), en los encuentros de Poesía rock que Taller de Palabras organiza en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla. Analizaremos la trayectoria y las obras más interesantes de cinco autores anglosajones y cinco españoles. Y que nadie se enfade por la ausencia de éste o aquél, pues la lista no se ha elaborado atendiendo a que éstos fueran los mejores, sino a que sus trabajos resulten interesantes e ilustrativos para los encuentros. Ojalá en breve podamos trabajar con muchos más. Pero de momento, las alineaciones son las que siguen: Bob Dylan, Leonard Cohen, Bruce Springsteen, Paul Simon y Kris Kristofferson, por parte del equipo visitante; Javier Krahe, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina y Raimon, que juegan en casa.

María José Barrios y un servidor dirigiremos el taller con la esperanza de que los encuentros terminen convirtiéndose en un ameno foro de debate e intercambio de opiniones, teniendo como objeto la maravillosa experiencia que supone disfrutar, en toda su plenitud, de una buena canción.

Como muestra, traigo aquí un tema de Paul Simon, American Tune, incluido en su segundo disco en solitario, que siempre me ha parecido lleno de matices interesante. Se trata de una composición que toma como base musical una coral de Bach extraída de La paión según San Mateo, para crear una dura pero esperanzadora reflexión sobre Estados Unidos, justamente en el bicentenario de la nación.

Una melodía americana

Muchas veces he estado equivocado
y otras muchas confundido,
sí, y a menudo me he sentido abandonado
y desde luego han abusado de mí,
pero estoy bien, estoy perfectamente bien.
Sólo tengo los huesos un poco cansados.
Aún así uno no espera poder estar
alegre y ser un bon vivant
tan lejos de casa, tan lejos de casa.

No conozco ningún espíritu que no haya sido abatido,
no tengo ningún amigo que sienta en paz,
no conozco ningún sueño que no haya sido hecho añicos
o que no haya sido sojuzgado.
Pero todo va bien, todo va bien,
hemos vivido tan bien tanto tiempo
que cuando pienso en el camino
que llevamos recorrido
me pregunto en qué nos equivocamos.
No puedo evitarlo, me pregunto en qué nos equivocamos.

Soñé que estaba muriéndome.
Y soñé que mi alma se elevaba inesperadamente
y se volvía para mirarme,
sonriendo tranquilizadoramente.
Y soñé que echaba a volar
y que desde lo más alto mis ojos pudieron contemplar con toda claridad
a la Estátua de la Libertad
alejarse navegando hacia altamar.
Y soñé que estaba volando.

Llegamos aquí en el navío al que pusieron por nombre el Mayflower,
estuvimos en la nave que surcó la luna,
entramos en el momento más incierto de nuestra época
y cantamos una melodía americana,
pero todo va bien, todo va bien.
No se puede ser eternamente afortunado.
Mañana será otro día de trabajo
y voy a intentar descansar un poco.
Lo único que intento es conseguir un poco de paz.


viernes, 19 de febrero de 2010

CSNY. El compromiso político del supergrupo

A mediados de 2006 Neil Young decidió que ya era suficiente. Se plantó en el estudio con su guitarra, sus Caballos Locos y un coro de cien voces gospel para grabar un álbum tan urgente como necesario. Sería su firme de denuncia contra la administración Bush por todo lo que estaba haciendo al país y sus habitantes, desde la sangrante guerra en Irak a las restrictivas medidas antiterroristas. Grabó las nueve canciones del disco en tan solo seis días, y cuatro de ellas las escribió en el propio estudio el mismo día en que las grabó. Y en las nueve, George W. Bush fue la presencia constante, el hilo temático, el hombre acusado por el rockero, entre otras cosas, de mentir, espiar, desatar una guerra sin razón ni sentido y ejercer una nefasta administración del país.

Canadiense de nacimiento pero asentado en Estados Unidos desde los sesenta, Neil Young siempre ha sido uno de los rockeros más comprometidos con los problemas sociales y políticos de su entorno. Y en esas diversas cruzadas que ha afrontado, contra la guerra de Vietnam, las armas nucleares o en apoyo de las zonas rurales más pobres del país, el canadiense siempre ha contado con el inestimable apoyo de sus viejos colegas David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash.

La prensa musical los bautizó “el supergrupo”, mientras que algunos influyentes medios de derecha los tachaba sencillamente de alborotadores, traidores y otras lindezas que entraban ya en el puro ataque personal. Desde que grabaron su primer disco juntos en 1969, Crosby, Stills, Nash & Young se han venido reuniendo y separando varias veces a lo largo de las últimas décadas. Nunca nada traumático, cada cual tiene su propia carrera y cuando les apetece, vuelven a subirse juntos al escenario.

En este caso, cuando Young publicó su disco, pensó que la mejor manera de promocionarlo era invitando a sus viejos colegas a implicarse con él en este arriesgado proyecto: recorrer el país con una gira en la que la denuncia política fuera el principal objeto de la actuación. Los tres aceptaron encantados y entusiasmados.

El supergrupo, CSNY, es sinónimo de agitación de las conciencias sociales y del despertar idealista de finales de los sesenta. Sus canciones son la banda sonora imborrable con la que millones de personas han vivido, amado, tenido esperanza, protestado, luchado contra injusticias y crecido.

El sonido básico de la banda se asienta en un toque clásico y puro de guitarras, tanto acústicas como eléctricas, para acompañar a un juego armónico de voces que ha creado escuela. Sin embargo, con tan evocadoras armonías no se dedican a hablar de la primavera y del olor de las flores, sino a reflejar los conflictos de la época y de los cambios que están teniendo lugar en cada momento.

En 1971 cantaron juntos Ohio, una ardiente denuncia del asesinato de cuatro jóvenes por parte de la Guardia Nacional en la Universidad de Ohio durante una manifestación contra la guerra de Vietnam. Aquél fue solo uno de los muchos himnos combativos que el supergrupo habría de aportar a la generación de los setenta.

Treinta y cinco años después, el mundo seguía igual de disparatado, y jóvenes estadounidenses volvían a morir en una guerra estúpida y sin sentido por antojo de su presidente. Así que Crosby, Stills, Nash y Young volvieron a lanzarse a la carretera para protagonizar su iniciativa más comprometida y controvertida.

El nuevo disco de Neil Young, Living with war, iba a servir de base musical para vertebrar el resto del programa, y contarían con vídeos especialmente preparados con los que dar a conocer a los espectadores imágenes que no habían visto hasta el momento — como la de los centenares de ataúdes de soldados estadounidenses amontonados en los aviones— y otras que debían recordar —como algunas de las “brillantes” declaraciones públicas del presidente Bush. Todo el espectáculo debía constituir una crítica abierta y contundente a la política exterior de Estados Unidos y a su continua violación de los derechos humanos, así como a las medidas internas establecidas que atentaban contra los derechos básicos de los propios ciudadanos.

Y para que la cosa no quedase en esos meses de conciertos, Neil Young decidió poner en marcha un documental que él mismo dirigiría bajo su seudónimo habitual, Bernard Shakey. CSNY: Déjà Vu sigue a la banda por todo el país durante aquella gira que fue bautizada Freedom of Speech 2006 (“Libertad de expresión 2006”). Y como no había manera de valorar el evento sin tener en cuenta las reacciones del público asistente, Young fichó al reputado periodista político Michael Cerre para que se encargase de acercar al espectador de la película las reacciones de los fans ante las letras, así como la conexión del grupo con sus admiradores, todo ello con el trasfondo de la Guerra de Irak y Afganistán, y con los acontecimientos que rodearon a las elecciones de 2006 en Estados Unidos.

De este modo, la película acaba planteando acontecimientos del pasado y del presente, y en su narración se entremezclan temas interpretados durante la gira con material de archivo, metraje de noticias y opiniones, tanto positivas como negativas, del público asistente a los conciertos. “¡Ya sabéis, libertad de expresión!”, grita Graham Nash cuando buena parte del auditorio comienza a abuchear a la banda tras interpretar Let’s impeach the President, uno de los temas clave de esta gira.

Tras pasar por los cines españoles como un suspiro, sin apenas tiempo en cartel y aún menos promoción, CSNY: Déjà Vu Live llega ahora a dvd cuando George W. Bush ya ha hecho las maletas. No obstante no hay que dejar pasar la oportunidad de ver esta singular producción, presentada en los festivales de Sundance, Berlín y San Sebastián, en la que la música no es la gran protagonista, sino más bien los propios músicos, con su claro posicionamiento y toma de conciencia ante lo que sucede a su alrededor. Los cuatro amigos sienten la obligación como artistas de aprovechar su talento y su popularidad para remover los ánimos y las ideas del país para intentar cambiar la situación.

Las reacciones, como no podían ser de otra manera, son radicales en ambos sentidos: algunos aplauden a rabiar, otros abuchean y se marchan. Varios gritan a la cámara que han pagado su dinero para un concierto de rock, no para un mitin político, y como respuesta se exponen las opiniones de quienes estaban deseosos de que algún artista se solidarizase por fin con esa manera de pensar y sentir de buena parte del país para reflejarla en sus canciones.

Y canciones es lo que ofrece la banda sonora del documental, llamada igualmente CSNY: Déjà Vu Live y lanzada por Warner el pasado verano, más o menos cuando se estrenó la película. Si bien son pocas las piezas que se escuchan al completo en el largometraje, el disco recoge hasta dieciséis cortes, desde algunas de las nuevas canciones de Young a clásicos del supergrupo como Teach your children o el For what it's worth que Young y Stills grabaron con Buffalo Springfield. Y, claro, tampoco falta la gran estrella de la gira, ese Let’s impeach the President que se convirtió en el leit motiv y que miles corearon con lágrimas en los ojos mientras otros tantos escuchaban de fondo al abandonar malhumorados los estadios.

Así que parece que no es sólo cosa de España lo de ese debate sobre si los artistas deben o no meterse en política. Como todo, dependerá de lo que diga el artista en cuestión y de las ideas del oyente en particular. Aquí, al otro lado del río y entre los árboles, ya sabéis cuál es la postura: siempre mejor tocarle las narices al poder que los pétalos a las flores.

Aquí os dejo la letra y un vídeo de esa Let’s impeach the President.

Destituyamos al Presidente por mentir
Engañando a nuestro país para llevarlo a la guerra
Abusando de todo el poder que le dimos
Y enviando todo nuestro dinero fuera.

¿Quién es el hombre que contrató a todos los criminales,
Las sombras de la Casa Blanca que se ocultan tras las puertas cerradas?
Y tuerce los hechos para acomodarlos a su nuevo cuento
De por qué tiene que enviar a nuestros hombres a la guerra

Destituyamos al Presidente por espiar
A ciudadanos dentro de sus propias casas
Violando cada ley del país
Interceptando nuestros ordenadores y nuestros teléfonos

¿Qué ocurre si AL-QUAEDA hizo volar los diques?
¿Estuvo así Nueva Orleans más segura
Al abrigo de la protección del gobierno?
¿O tal vez alguien no regresó a casa ese día?

Destituyamos al Presidente por secuestrar
Nuestra religión y usarla para ser elegido
Dividiendo nuestro país en colores
Y abandonando a las personas negras.

Gracias a Dios que actúa bajo efecto de esteroides
Desde que vendió su viejo equipo de béisbol
Hay montón de personas preocupadas por el gran problema
Pero, por supuesto, nuestro Presidente está limpio

Gracias a Dios

martes, 16 de febrero de 2010

¿Por qué habla tan alto el español?, León Felipe y Héctor Alterio


Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.


Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porqué tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra¡ ¡Tierra¡ ¡Tierra! Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto¡ ¡Había motivos para gritar¡

La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres:¡justicia¡ ¡justicia¡ ¡justicia¡...!También había motivos para gritar¡ ¡También había motivos para hablar alto¡

El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡eh¡ ¡que viene el lobo¡ ¡que viene el lobo¡...!que viene el lobo¡

El que dijo tierra y el que dijo justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡eh¡ ¡que viene el lobo¡

Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Pero por qué habla tan alto el español?

Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porqué escucha desde el fondo de un pozo.